Para muchos no será sencillo olvidar la frase; su potencia ha sido innegable.
Quizás fue producto de la sensibilidad del momento y de los interlocutores, víctimas de un salvaje episodio. O de una práctica bastante generalizada entre algunos funcionarios de decir en privado lo que es “políticamente incorrecto” expresar en público. O cualquiera que haya sido la motivación que lo llevó a reconocer algo que muchos intuyen y algunos no dudamos.
Que el gobernador tiene las manos atadas.
Dicho de otra manera, que las concesiones tienen un costo que a veces no se alcanza a percibir cuando se asume la obligación y luego no basta con la voluntad individual para poner en caja aquello que la sociedad señala como una de las cuestiones más preocupantes, esto es la seguridad ciudadana.
Si bien es cierto que a los habitantes de la mayor provincia de la Argentina, nos deben una explicación detallada y coherente de los motivos que llevaron a abandonar los lineamientos de la política de seguridad iniciados en la gestión anterior, no es menos real que los resultados a partir de finales del año 2007 distan mucho de ser los que se reclaman a diario, sean ellos realizables en su totalidad o no.
Y esto tiene origen en variados factores, explicables por la sociedad la mayoría y otros tantos desconocidos, pero sin dudas contundentes.
La falta de comprensión por parte de los responsables de la cartera, de la génesis del problema de la seguridad –en la que confluyen numerosos factores- o cuanto menos la inacción en las etapas tempranas del fenómeno. La falta de una política adecuada que desnuda una realidad incontrovertible y cada vez más dificultosa de reencauzar. Los procedimientos judiciales, engorrosos y lentos con una reforma judicial interrumpida a poco de comenzar a gestarse y ahora completamente abandonada a su suerte. Y varias otras que la síntesis obliga a dejar de lado por lo menos en este somero análisis.
Manos atadas, significan compromisos.
Compromisos con estructuras de distintos orígenes, mafiosas en tanto grupos organizados que tratan de defender sus intereses. Con lobbies económicos y sociales, a los cuales les importa maximizar sus réditos (cualesquiera que sean) y muy poco la seguridad.
Es en este contexto que el gobernador reconoce sus manos atadas.
A las cuales, las explicaciones a medias y las rectificaciones posteriores sólo lograron confirmar en su brutal sinceridad.
Los memoriosos recordarán innumerables episodios en los cuales el mensaje difería de la realidad. Y reconocerán -tiempo después- que la alternativa era decir lo que había que decir. Por doloroso que fuera o para evitar males ulteriores.
Quizás ahora sea el tiempo de reclamar la verdad, para poder –juntos, gobernantes y gobernados- emprender el difícil camino de la solución del problema de la seguridad con las manos libres.
Quizás fue producto de la sensibilidad del momento y de los interlocutores, víctimas de un salvaje episodio. O de una práctica bastante generalizada entre algunos funcionarios de decir en privado lo que es “políticamente incorrecto” expresar en público. O cualquiera que haya sido la motivación que lo llevó a reconocer algo que muchos intuyen y algunos no dudamos.
Que el gobernador tiene las manos atadas.
Dicho de otra manera, que las concesiones tienen un costo que a veces no se alcanza a percibir cuando se asume la obligación y luego no basta con la voluntad individual para poner en caja aquello que la sociedad señala como una de las cuestiones más preocupantes, esto es la seguridad ciudadana.
Si bien es cierto que a los habitantes de la mayor provincia de la Argentina, nos deben una explicación detallada y coherente de los motivos que llevaron a abandonar los lineamientos de la política de seguridad iniciados en la gestión anterior, no es menos real que los resultados a partir de finales del año 2007 distan mucho de ser los que se reclaman a diario, sean ellos realizables en su totalidad o no.
Y esto tiene origen en variados factores, explicables por la sociedad la mayoría y otros tantos desconocidos, pero sin dudas contundentes.
La falta de comprensión por parte de los responsables de la cartera, de la génesis del problema de la seguridad –en la que confluyen numerosos factores- o cuanto menos la inacción en las etapas tempranas del fenómeno. La falta de una política adecuada que desnuda una realidad incontrovertible y cada vez más dificultosa de reencauzar. Los procedimientos judiciales, engorrosos y lentos con una reforma judicial interrumpida a poco de comenzar a gestarse y ahora completamente abandonada a su suerte. Y varias otras que la síntesis obliga a dejar de lado por lo menos en este somero análisis.
Manos atadas, significan compromisos.
Compromisos con estructuras de distintos orígenes, mafiosas en tanto grupos organizados que tratan de defender sus intereses. Con lobbies económicos y sociales, a los cuales les importa maximizar sus réditos (cualesquiera que sean) y muy poco la seguridad.
Es en este contexto que el gobernador reconoce sus manos atadas.
A las cuales, las explicaciones a medias y las rectificaciones posteriores sólo lograron confirmar en su brutal sinceridad.
Los memoriosos recordarán innumerables episodios en los cuales el mensaje difería de la realidad. Y reconocerán -tiempo después- que la alternativa era decir lo que había que decir. Por doloroso que fuera o para evitar males ulteriores.
Quizás ahora sea el tiempo de reclamar la verdad, para poder –juntos, gobernantes y gobernados- emprender el difícil camino de la solución del problema de la seguridad con las manos libres.
3 comentarios:
menos mal que tiene las manos atadas, no me quiero imaginar si tuviera las dos, pedofilo entrega a MALENA ME RECALIENTA
Triste. Una pena no haberla podido ayudar a tiempo...
Mujeres: No teman, denuncien...Hay mucha gente que las pueden ayudar...
"No estan solas"
la verdad que son unos pelotudos importante,de que manos atadas hablan si le falta una,como le faltan el respeto al sr gobernador.-
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